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Mostrando las entradas etiquetadas como prosa poética

INCIERTA GLORIA | Al cielo que aclamo, nuevo

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Que la vida iba en serio era algo que aprendí con el tiempo. No muy tarde, por entonces supe que el amor es efímero, fútil y quebradizo y por ende; necesario a la existencia. Que aporta límite, sentido y da forma al deseo dentro del caos que nos habita. A la hora de dormir el hombre olvida los actos cotidianos: un silencio profundo lo adormece en la cómoda ponzoña del sueño. Cada noche esa persistente dualidad es el eco que nos embriaga con presagios inconfesables. ¿Cómo ser yo y los demás a un tiempo? ¿Cómo despojar cada noche mi ser, si me sumerjo en ti (¡alma mía!), duda mía y carne aterida, aurora de mi promesa? — ¿Cómo hacerlo si todo es ardid: una quimera?— Al día siguiente, al despertar en perfecta rutina al son del cepillo de dientes, el jabón y sonido de cafetera, ducha rápida y música clásica; todo se recompone de nuevo en extraño ditirambo de rutina. Todos los días en todas las ciudades se levantan los muertos de sus fé...

ENTRE EL CIELO Y LAS NUBES (revisado)

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Te bebes el tiempo como el ladrón hurta los momentos, con el descaro de un ángel forajido. Dices que todo te va mal. Qué la vida no t e corresponde, que no recibes lo que tú das.  Y digo yo: si te lo gastas todo en putas y chulos, que llevas a tu casa en la madrugada más penosa. Y luego te roban o si no, te drogan y roban; digo yo que la vida ya te corresponde: Te da lo que tú le robas... y lo que le robas; no a ti te lo das. Luego te vas triste y con desvelo, llorando y diciendo que nadie te entiende, y haciendo chasquidos de niño pequeño. Déjate de panoplias y silogismos. Lo tuyo es un cielo sin luz ni ángel, una sierpe y un Decamerón ilustrado sin final feliz. Lo tuyo, son los chulos y los demiurgos de miseria, el hambre que come de la mano migajas de placer y llanto. No te juzgo: te nombro entre los que hicieron del infierno su aurora. Algún día, solo alguno, será posible reír entre el cieno y las nubes.

UN RÍO DE CUBA, nuevo

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UN RÍO DE CUBA La madre se propuso salvarlo de todos los peligros. Para ello tapió puertas y ventanas, allanó el camino del cuarto que desde la ventana ofrecía la iglesia. El padre se propuso hacer de él un hombre de provecho (que no de bien). “ El pan de tus manos y el madrugar de tus días te formarán, evitarán tu cobardía ”, le repetía. El hermano pronto le llevo a los prostíbulos donde él (sin saberlo nadie), leía sus poemas y preguntaba sobre lo humano y lo divino a aquellas mujeres sabias. Nunca copuló con ellas, aunque disimulaba. Un día se levantó pronto, la casa de la Habana vieja en silencio: el suelo plañido y pulido de pasos, las creencias y los espejos tapados con paños viejos le impedían ver su hermosura. Él sabía de lisonjas e intuía los abusos y las ofensas… Y cómo explicarlo: jugaba al disimulo. Otro día, un colibrí de cola ancha picoteó en su ventana. Tapiada no pudo verlo. Ni oyó tampoco el sordo ronquido de...

EL CORAZÓN DORMIDO | tributo a Jon John, 2017

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Me olvido de las reglas, de las normas absurdas: del sentido común. Me apeo del calendario, causo baja del general ánimo, me arrincono en la ponzoña de un sueño. Descolgado del mundo, luchando con el aire; juntando la esperanza recompongo mi mundo que ya no sé si se parece al tuyo, o al mío… ni me importa. Alquilo una ilusión que un momento duró. Atraigo a los amigos no menos que a los enemigos: habito en la esperanza. Tomo el dato que el angélico hábito me ofrece y respiro a duras penas, debajo de mi edredón, cada noche de todos los días… Allí, donde el amor se parece más a una espera que a su reiteración. Ese lugar que recoge mi cuerpo todos los días, donde me reduzco a la nada; fundido con los sueños y el ebrio amor de Morfeo, es mi casa. No quiero milongas inventadas, ni el pacto distraído y tosco del placer fácil, del placer que resucita de su repentino retiro. No quiero esas quimeras —es un ardid—, con tu fantasma me basta. Urdo el presente con el mero exi...

EL MUCHACHO GRIEGO (101 Kid), nuevo

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Mikonos, 1988 Viniste a robarnos la inocencia en un solo día. Nadie dijo tu nombre de forma más tenaz, más verdadera que durante aquellas tardes, al sol de nuestra presencia; cansancio de un verano que aún hoy recordamos. Tomaste carne y materia e hiciste aquel chiste fácil de muchacho indolente que tanto fastidio me causó. Yo era un espejo entonces donde los muchachos reflejaban su belleza con asombro al abrazar a quien fui con apenas veinte años.  Vivimos noches insomnes al son de besos y de abrazos. Confesiones que hoy no pretendo revelar. Hay tantas voces por cantar, tantos cuerpos que profanar y tanta egolatría mal administrada, pensé. Al día siguiente a tu llegada de la isla Lampedusa toda la casa ardía. Todo era fulgor y luz. Nadamos en la piscina: del salón a la cama, de la cama al arenal, de la ducha a los abrazos… y ese calor que nos ardía sin cesar. Dijiste: “ he traído mi pijama de rayas ” y yo te miré con recelo, envidia y algo de rebeldía pues,...

EL VISITANTE (nuevo)

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Cuando te asomes a una ciudad déjate arropar  por los ojos de quien bien la conoce. Una ciudad no son sólo sus calles o los museos donde se gestiona la cultura enlatada y tasada, tampoco las ventanas con la ropa colgando, las plazas mayores, los escaparates o los inventos que el mundo moderno aliña como reclamo y promesa de consumo: de felicidad y ocio mezclados. Una ciudad es un diccionario extraño donde se escriben palabras nuevas y donde se anotan desde el corazón significados que tu mente antes no sabía.  Esa es la sintaxis del viaje. Una ciudad son (por supuesto) los gestos, las miradas y la generosa paciencia y compañía que, sin ser origen de culpa, ofrecen cobijo, abrigo y una mano amiga. La ciudad son sus gentes y es siempre una apuesta generosa que desde el corazón –insisto viajero–, te brinda ese pueblo.  Los ciudadanos que habitan las ciudades son sabios, allí donde las guías de viaje mienten. Nunca olvides que quien te hizo ver eso...

Recto Verso (nuevo)

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Me equivoqué de nuevo —no tengo remedio—, volví a dejar mi alma en los bares, en las cantinas, por las esquinas y jugando al disimulo con mendigos, putas y traficantes. El miasma del mundo me trastoca, me incendia y deja en mí un halo de extraña bondad. No crean, no es éste un trastorno reciente, ni tampoco plagio de villano, o acaso una vaga ansia de fornicar. Querer ceder a mi destino, al azar gratuito y vacuo de todo acto sombrío donde se entrega  algo más que un cuerpo, una intención y por ello, un alma. Fe de erratas. Al día siguiente escribimos en el libro de los días: “ noche indefectible y ciertamente de exceso, bronca y borrachera ”. No me entiendan mal, es sólo eso; una fe errada... Fe en los infiernos urbanos, en las pétreas perspectivas de lo humano, en los semáforos en rojo y el peligro, en los chicos de barrio y al final también, en las mentiras que huyen rápidas como ratas. La noche nos enajena a veces, otras nos sorprende con plenitud de catecismo. A...

LA NOCHE Y LAS CARRETERAS (Slow Hands), nuevo

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Con tiempo y tesón se ungen los sueños y los míos esperan retorcidos a que tu voz temple esta historia de noches largas, de inviernos en edredón… Dejé Wikipedia y Facebook para los tristes convictos de la red, allí no hablan de ti.  Y te pido que no dejes este pan y este hambre juntos.  Deseo sólo fijarme en lo que importa, no más luz o tinieblas. No más tristeza, crisis y destellos de fulgor ahogados; ni más noticias transeúntes de los trasmundos que suenan en la radio. La hiperactividad de esta ciudad me ahoga y sólo tú naces como un oasis, como una nada que me lleva hacia ningún lugar. Harto de todo y todos me despojo en las esquinas, en las bibliotecas, de mi propio hedonismo: de mi propio conocimiento. Subo a los campanarios, me suicido por las esquinas del olvido. Escribo entonces, justo antes, mi propia esquela. Una triste canción que nadie comprenderá y que contiene tu nombre. No se hicieron estos lares para los cobardes, los hipócritas o los locos...

NO ES POR CASUALIDAD (Soy lo que soy), nuevo

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Tengo el calor de una copa de vino, mitad señor, mitad corre-caminos ; con una estrella encendida sigo mi destino. Soy lo que soy: no es por casualidad que tenga el color del trigo en el verano, que sienta el corazón como una bendición que guarda mis anhelos para colmar de amor de fuego e ilusión a la persona que quiero. Bohemio entre los bohemios, con la mirada de un loco risueño, algo poeta y forjador de sueños: un vagabundo solitario al sol de su siembra. No es por casualidad que yo sienta el amor de forma diferente, no es por casualidad que viva la pasión apasionadamente. Ni tampoco que tú, lector, te asomes indeciso a estos reglones de temblor poético buscando quizás algún ansia perdida, el valor de la verdad o el sentido de la existencia. Si en algo te sirvió lo celebro, si fue un fulgor lo que aquí te trajo o apenas un relámpago de indiferencia; de nada servirá la espera aunque si, la esperanza. Sí, no es por casualidad...

El "cri cri" de las margaritas (revisado)

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Quiero que tenga la noche la estrella fugaz que me robaste, el azul sin miedo también y recordar tu silencio en mi silencio y tu cuerpo acurrucado.  Allí quedaron tus besos y caricias y el torrente de un amor ahogado. La plácida noche dio paso al sol, y no quiero verlo, no quiero verlo... para no dejar tu cuerpo a su lado.  ¡Qué la noche permanezca eterna entre tus brazos entonces! Sonó el "cri cri" de las margaritas. No me encontraron. ¿No me encontraron?: No, ya no me encontraron.  Me marché para siempre con la brisa.  Cogida de la mano,  l a luna a mi lado.

ABANDONADO Y EN LAS ANTÍPODAS | para Hugo

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 Entra, te daré el pan de mi mesa y el beber de mi agua, y algún resquicio del vino de mi sangre. Purificaré tu alma y te ofrendaré con la angustia de mi duda o el sudor de mi sabiduría, todavía no erudita. Qué no digan las malas lenguas que te abandoné al deseo; pues fue quien nos forjó en una alianza de amianto. Tendrás la cama siempre lista para profanar mi imagen, pues mi cuerpo será sólo la isla de tu misterio: t ú así lo quisiste antes de marcharte. Cubriré los espejos que se helaron con tu imagen, con la sombra de tu ir y tu venir, en aquellas noches que decías no tardarías… Al día siguiente, volvías embriagado y soñoliento. ¡Ser viento y libre! proclamabas ufano, pues yo era entonces tu esclavo. Dejé la puerta abierta durante algún tiempo, las luces encendidas: el amor intacto. ¿Y cómo saber si vivimos en mundos paralelos?  Si tu cuerpo era un calco de mi cuerpo y tu alegría se cubría con mi llanto: ¿Cómo saberlo entonces? Sí, dejaré la puerta ...

CANCIÓN PARA SIRENAS | de Cudillero

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—Dijo el marinero a la sirena antes de ser cazada: “Yo no me escondo debajo de una antigua fe. No guardo luto estricto al vacío. No mezclo el azar con el miedo. Solamente soltar… volver a amar me domina. Esa es la pauta: ¿acaso no es lo mismo?” —La sirena se lamentaba entre sollozos y algas, sentada en su roca, peinando su largo cabello con indolencia y cierto desdén: “No me escondo del amor, del miedo y el afán de los abrazos. De estrechar entre mis brazos mis peores pesadillas. No, ya no me escondo.” , aseveró el pescador. “Deja a las flores rozar tus rodillas esta primavera. Deja de llorar y tus lágrimas serán mares y océanos de alegría. Suelta el sufrimiento para luego volver a amar. Esta es la pauta marinero.” , aconsejó la joven sirena. Un zumbido raudo y sordo cortó el aire. El arpón la atravesó de lado a lado. No hubo tiempo, ni respiro: la brisa se heló. La sirena soltó su peine de nácar que se hundió en el Hades...

LA FURCIA DE LA ANGUSTIA (versión definitiva), 2017

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para Javier Cubero La furcia de la angustia llegó preñada de esperanza, como predijo Gloria Fuertes, la poetisa. La angustia, esa ramera que del olvido hace  maletas y que llega y se presenta en casa sin el menor rubor. Mete muebles, hace la cama con tino y envenenada malicia, llenando mi alacena de azúcar y temor. Y se ducha todos los días, dejando la ropa sucia por todos lados menos en el canasto. Es la amiga nunca invitada, la indeseable de la angustia… Me envenena los versos con su ponzoña endiablada, que se clava y se clava como un puñal de plata. Quien me roba las rimas y revuelve en el trastero de la imaginación, dejando mis relatos hechos añicos y luego, cómo no sabe de nada que no sea de incordio, se marcha por un tiempito para habitar en casas ajenas. A su regreso, siempre de madrugada, la angustia juega a tentarme y también al cerco, no menos que al siniestro juego del sexo de oscura intención. ¡Ay! mi ramera. Qué pronto llegaste aquella tarde, cuan...