NOCTURNIDADES (El Reino De Taifa)



Trabajas en los trapecios de la noche y de la bruma.
Se inquietan las estatuas que ven tu paso.
Te envidian porque posees un alma,
de nobleza y oscura soledad que a ellas falta.

Te rozan los duendes y el flash de la memoria:
doncellas sin flor, hombres sin corona.
Todo tú, manifiesto eunuco en trifulcas, 
bares y sesiones publicitarias. 
Tomas las mil formas del deseo: 
a manos llenas te llevas el alba. 
“Hace mucho que sigo aquí”, 
me susurras al oído.

A tu llegada, ya en la ciudad secreta de Sforzinda, 
de repente agotado y solo estás 
ante tu particular Reino de Taifa. 
Todos se intrigan al verte, 
todos te rondan, te pretenden. 
Vendes humo a tu paso,
y el esfuerzo no te cuesta, ni te daña la nada.

Mas luego, ileso y cansado te has ido,
mientras se apagan los excesos, 
se duermen los últimos borrachos,
se abren los colmados 
y el alba te roba todo el glamour.

Como los pájaros cantas con voz prudente 
y silbas, como sabiendo que la soledad no asusta.
Regresas a tu cuarto mudado ya de estrellas, 
a dormir otro sueño sin estupor y sin espanto.

No te importa el mundo:
la nada ya tarda.



Imagen por Luis Joly
BoysBar (Barcelona)
Texto de Santiago Calleja Arrabal

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