LA SUTIL LEVEDAD DE DOS AMANTES, versión definitiva





LA SUTIL LEVEDAD DE DOS AMANTES

Los dos están desnudos sobre la cama sola,
y no saben que la vida este instante no repite.
Los dos, jóvenes y mansos,
compiten con el temor y la duda.
Ignoran que la vida no sabe nada,
y menos aún esta sucia sociedad idiotizada.

Ellos aman los instantes de sus cuerpos con ternura,
con respeto, con furia y fuego, con alivio…
Y se aman en un beso de eternidad que no se acaba.
Los dos están desnudos y no saben de silencios.
Ignoran que mañana ese amor será inconcluso,
levemente incomprendido y amordazado a la nada.

No es de ellos —no señor—,
la flecha y el odio que les cerca.
No son suyas las hipócritas palabras:
los chistes, las risas, los insultos
o acaso la sucia envidia.

Envidia por ser únicos, bellos y distintos.
Distintos, como cada quien es en una sociedad
que inventa la flecha y el veneno que les mata.

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