NOCTURNIDADES (versión definitiva), Noviembre 2016




NOCTURNIDADES

Trabajas en los trapecios de la noche y de la bruma.
Se inquietan las estatuas que ven tu paso.
Te envidian porque posees un alma,
de nobleza y oscura soledad que a ellas falta.

Te rozan los duendes y el flash de la memoria:
doncellas sin flor, hombres sin corona.
Todo tú, manifiesto eunuco en trifulcas, 
bares y sesiones publicitarias. 
Tomas las mil formas del deseo: 
a manos llenas te llevas el alba. 
“Hace mucho que sigo aquí”, 
me susurras al oído.

A tu llegada, ya en la ciudad secreta de Sforzinda, 
de repente agotado y solo estás 
ante tu particular Reino de Taifa. 
Todos se intrigan al verte, 
todos te rondan, te pretenden. 
Vendes humo a tu paso,
y el esfuerzo no te cuesta, ni te daña la nada.

Mas luego, ileso y cansado; te has ido mientras se apagan los excesos, se duermen los últimos borrachos, se abren los colmados y el alba te roba todo el glamour.
Como los pájaros cantas con voz prudente y silbas como sabiendo que la soledad no asusta.
Regresas a tu cuarto mudado ya de estrellas, 
a dormir otro sueño sin estupor y sin espanto.

No te importa el mundo:
la nada ya tarda.

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