El Ardid


Tras cada extravío hay un ser amado, un humano distraído y seguramente apasionado, ensoñado o azorado que tiene otra cabeza dentro de la cabeza y un corazón latiendo en el pecho y una simiente plantada. Perder la cabeza, es amar sin pies ni dictado y sí… Al pedir tiempo el que ama de verás no dispone sino de un par de muletas para ir saltando entre las brasas. Además, como reza el refranero: “Si he perdido mi tiempo, no todo lo perdí” Se cree el ladrón que todos son de su condición... pero se pilla antes a un mentiroso que a un cojo (muleta en mano)

Para ti, que me quitas el sueño y me enseñas lo que es una historia baladí.

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